Este texto forma parte de una serie sobre las prácticas de la Ciencia de la Mente. Si quieres, puedes leer también «Qué es la Ciencia de la Mente, de Ernest Holmes», «Tratamiento Espiritual Mental: la Oración de 5 Pasos» y «Cómo Empezar a Meditar: Guía Paso a Paso para Principiantes»
Este octubre he querido compartir algunas de las enseñanzas y prácticas de una filosofía que ocupa un lugar profundo en mi vida: la Ciencia de la Mente. Al cerrar este recorrido, quiero dedicar un espacio al agradecimiento y al reconocimiento de Ernest Holmes, autor de La Ciencia de la Mente, cuya primera edición se publicó en 1926 y cumple cien años en 2026.
Este centenario corresponde a la publicación del libro que dio expresión a sus enseñanzas. La fundación del Instituto de Ciencia Religiosa y el inicio de la revista Science of Mind llegarían en 1927.
Para mí, agradecer este legado significa reconocer lo que su estudio y su práctica han aportado a mi vida. En momentos de pérdida, incertidumbre y búsqueda, encontré una manera de acercarme a Dios (o como cada uno le conozca), escucharme y participar con mayor claridad en mis decisiones.
Hoy honro a Ernest Holmes por su trabajo y por la invitación que nos dejó a explorar nuestra vida espiritual y ponerla en práctica. Agradezco también a quienes han transmitido estas enseñanzas con dedicación y a cada persona que se acerca a ellas con preguntas, esperanza y disposición para aprender.
Un libro puede cumplir cien años y seguir abriendo preguntas muy actuales: ¿cómo me hablo cuando algo sale mal?, ¿qué ideas repito acerca de mis posibilidades?, ¿qué puedo elegir hoy para acompañarme con mayor amor y actuar con más claridad?
Estas preguntas nos acercan a una práctica sencilla y significativa: las afirmaciones.
¿Qué son las afirmaciones y para qué sirven?
Una afirmación es una declaración que elegimos de manera deliberada para expresar una cualidad, una posibilidad o una dirección que deseamos cultivar. Generalmente se formula en presente y con palabras claras, cercanas y significativas para quien la pronuncia.
Desde la Ciencia de la Mente, las afirmaciones pueden ayudarnos a recordar nuestra naturaleza espiritual y a orientar la atención hacia el amor, la paz, la sabiduría y las posibilidades de bien que reconocemos en Dios y en nosotros.
En la vida cotidiana, también son una oportunidad para revisar nuestro diálogo interior. Si cada vez que algo se complica me digo «no puedo», «siempre fracaso» o «ya es demasiado tarde», puedo detenerme y preguntarme: ¿esta frase describe lo que está ocurriendo o está cerrando de antemano mis posibilidades?
Una afirmación puede abrir una respuesta diferente: “Puedo aprender a dar este paso y buscar el apoyo que necesito”.
Nuestros pensamientos influyen en cómo interpretamos lo vivido, en nuestras decisiones y en nuestra manera de actuar. También existen circunstancias externas, condiciones materiales y decisiones de otras personas que intervienen en nuestra experiencia. Reconocer nuestra participación nos permite actuar sin cargar con la culpa de todo lo que sucede.
Palabras que conecten contigo
Una afirmación necesita tener sentido para ti. Puedes utilizar un lenguaje espiritual explícito o palabras sencillas que expresen aquello que deseas practicar. Por ejemplo:
- “La sabiduría de Dios me guía y me dispongo a escucharla”.
- “Hoy me doy tiempo para elegir con claridad”.
- “Me trato con respeto mientras aprendo”.
Muchas afirmaciones comienzan con “yo” o “yo soy”. En esta práctica, esas palabras pueden expresar el reconocimiento de nuestra identidad y de nuestra dimensión espiritual. También podemos comenzar con “elijo”, “me permito” o “estoy aprendiendo”. Lo esencial es que la frase nos ayude a conectar con lo que estamos afirmando.
Conviene expresar aquello que queremos cultivar. En lugar de «no quiero seguir tratándome mal”, podríamos decir: “Hoy elijo hablarme con respeto”. Esta forma de redactar hace más clara la dirección de nuestra atención; evitar la palabra “no” no es una condición mágica para que la práctica funcione.
¿Y si todavía no me lo creo?
Es comprensible sentir dudas al empezar. Si has vivido mucho tiempo con una idea acerca de ti, una frase diferente puede sentirse lejana o incluso incómoda. Puedes comenzar con expresiones que abran una posibilidad:
- Me permito…
- Estoy aprendiendo a…
- Me abro a la posibilidad de…
- Puedo dar un primer paso para…
Por ejemplo:
- “Me permito cuidar mi cuerpo con mayor atención”.
- “Estoy aprendiendo a recibir ayuda sin descalificarme”.
- “Me abro a la posibilidad de perdonarme, respetando mi proceso”.
- “Hoy puedo realizar una acción que me acerque a mi propósito”.
¿Qué frase podrías decir hoy con sinceridad, aunque todavía estés aprendiendo a vivirla?
¿Te gustaría aprender a usar las afirmaciones con acompañamiento personal? Como Terapeuta Espiritual puedo ayudarte a encontrar las palabras y las acciones que acompañen tu proceso. Escríbeme y demos el primer paso.
La convicción también puede crecer
Para mí, afirmar tiene una dimensión profunda: ese fuego interno que nace al reconocer una verdad espiritual y entregarnos al Amor de Dios con fe. Es una convicción que puede sentirse apasionada o manifestarse como una certeza serena.
Al afirmar, podemos permitirnos sentir el significado de nuestras palabras: el alivio de tratarnos mejor, la confianza de pedir ayuda o la paz de reconocer que podemos responder de otra manera.
Ese convencimiento puede crecer con la práctica. Habrá días de entusiasmo y otros en los que apenas podamos decir una frase con suavidad. Ambos pueden formar parte del camino. Podemos reconocer el miedo, el cansancio o la tristeza y, al mismo tiempo, recordar una posibilidad de bien.
“Hoy me siento cansada y me permito descansar. Mi valor permanece”.
La espiritualidad tiene espacio para nuestra humanidad.
Repetir, observar y actuar
La repetición puede ayudarnos a mantener presente una intención. Su valor aumenta cuando prestamos atención a lo que decimos, observamos nuestras respuestas y lo acompañamos con acciones.
- Si afirmo “Me trato con respeto”, puedo empezar por cambiar un insulto que me dirijo cuando cometo un error.
- Si afirmo “Me abro a nuevas oportunidades laborales”, puedo actualizar mi currículum o contactar a alguien.
- Si afirmo “Honro mi bienestar”, puedo hacer una pausa, atender una necesidad o solicitar apoyo.
Desde mi manera de vivir la Ciencia de la Mente, pensar, sentir, elegir y hacer necesitan conversar entre sí. Repetir una frase por sí solo no garantiza un resultado específico. La afirmación puede acompañar un proceso que también requiere tiempo, recursos, aprendizaje y participación.
Formas sencillas de practicar
Elige una afirmación y una forma de expresarla que disfrutes:
- Decirla en voz alta en un lugar tranquilo, escuchando cada palabra.
- Repetirla suavemente mientras respiras de forma natural.
- Escribirla y observar qué pensamientos o emociones aparecen.
- Grabarla con tu voz y escucharla cuando puedas prestarle atención.
- Acompañarla con música o cantarla si eso te ayuda a conectar.
- Colocar un recordatorio en un sitio visible.
Puedes comenzar con uno o dos minutos. Después, pregúntate: ¿qué acción pequeña sería coherente con lo que acabo de afirmar?
Al cerrar el día, observa qué pudiste practicar y qué necesitas ajustar. Un cambio pequeño también merece ser reconocido.
Agradecer un legado y hacerlo vida
Al celebrar los cien años de la primera publicación de La Ciencia de la Mente, agradezco la oportunidad de seguir aprendiendo de sus enseñanzas y de compartirlas con ustedes.
Honrar a Ernest Holmes también puede expresarse en gestos cotidianos: escuchar con atención, hablar con mayor cuidado, reconocer nuestra dignidad y la de los demás, pedir ayuda y elegir una respuesta más amorosa cuando sea posible.
Te invito a cerrar este mes eligiendo una afirmación que tenga sentido para ti y una acción con la que puedas darle expresión. Permite que tus palabras te acompañen mientras construyes, paso a paso, una manera más atenta y amorosa de vivir.
Afirmación
Hoy, aquí y ahora, honro la Vida que se expresa en mí. Me abro a la sabiduría de Dios, elijo palabras que me acompañen con amor y doy pasos conscientes hacia mi bienestar. Me permito aprender y volver a elegir. ¡Y Así Es!
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