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¿Por qué elegiste Ciencia de la Mente? Me lo han preguntado varias veces. Podría responder con una definición teórica de manual, pero la respuesta más honesta comienza con lo que viví.
Llegué a esta filosofía después de una relación amorosa que me dejó con el corazón hecho trizas. En aquel momento me sentía víctima de lo ocurrido y no sabía bien cómo seguir adelante. Primero recibí el acompañamiento de mi querida Lupita Sánchez. Después tomé el curso Ámate y Sana, basado en el trabajo de Louise Hay y enriquecido por la Dra. Rebeka Piña, quien se convirtió en una de mis principales maestras. Pensé que aquel curso sería suficiente; en realidad, el viaje apenas estaba comenzando.
¿Qué propone la Ciencia de la Mente?
La Ciencia de la Mente es una filosofía espiritual desarrollada por Ernest Holmes (1887-1960) a partir de las corrientes del Nuevo Pensamiento. Enseña que existe una Presencia divina omnipresente, omnipotente y omnisciente en toda la vida y nos invita a reconocer cómo nuestras creencias y pensamientos moldean la forma en que interpretamos lo que vivimos, decidimos y actuamos. También ofrece herramientas prácticas para llevar esa comprensión a la cotidianidad. Holmes inmortalizó estas enseñanzas en su libro emblemático La Ciencia de la Mente (The Science of Mind, 1926) y fundó el movimiento conocido mundialmente como Ciencia Religiosa (Centers for Spiritual Living).
El nombre suele despertar una duda muy natural: aquí la palabra «ciencia» se refiere al estudio metódico y a la aplicación constante de principios espirituales universales. No pretende sustituir ni competir con la ciencia médica o la física. Para mí, su valor fundamental está en ayudarme a vivir de forma más consciente y responsable, sin perder la compasión hacia mi propia historia ni hacia la de los demás.
Una de sus prácticas centrales es el Tratamiento Espiritual Mental (u oración afirmativa u oración científica), un proceso de cinco pasos en el que reconocemos a la Presencia divina, afirmamos nuestra unidad con ella, declaramos el bien que deseamos manifestar, agradecemos y soltamos con confianza en las Leyes de la Vida. La meditación, la sintonización, el estudio constante y la contemplación completan este camino.
Los rostros y voces del Nuevo Pensamiento
Ernest Holmes dio forma al cuerpo teórico de esta filosofía, pero con los años, diversas figuras del pensamiento contemporáneo han llevado estos principios a millones de hogares:
- Louise Hay: Tuvo una relación muy directa con la Ciencia de la Mente. Asistió a la Iglesia de la Ciencia Religiosa y se formó como ministra y practicante. Su trabajo pionero sobre el amor propio y el uso de afirmaciones tradujo estas ideas en un lenguaje sencillo y accesible. Para mí, una clase inspirada en su obra fue la puerta de entrada a mi transformación.
- Dr. Michael Bernard Beckwith: Fundador del Agape International Spiritual Center. Se graduó del Ernest Holmes College School of Ministry, lo que demuestra su arraigo directo en las enseñanzas de Holmes. Desde Agape imparte meditación, oración afirmativa y la tecnología de la visión de vida (Life Visioning).
- Dr. Wayne W. Dyer: Un pilar de la divulgación espiritual cuyas obras sobre la intención y el poder de la conciencia se recomiendan frecuentemente en las comunidades de Ciencia de la Mente. Aunque su labor fue independiente, sus conceptos convergen armónicamente con la filosofía de Holmes.
- George Lucas y el universo de Star Wars: A menudo se habla del lenguaje de Star Wars y la Fuerza. En entrevistas e investigaciones históricas —incluyendo registros de la revista TIME— se ha documentado que La Ciencia de la Mente figuraba en la biblioteca personal de George Lucas. El Dr. David Walker, líder ministerial de Ciencia Religiosa, compartió que, al preguntarle a Lucas sobre la influencia de Holmes, el cineasta confirmó con simpatía haber tomado inspiración de allí para concebir el concepto de «La Fuerza». Nos recuerda cómo la idea de un campo de conciencia unificado e inteligente trasciende las aulas y llega a la cultura popular.
Lo que cambió para mí
Al adentrarme en el estudio de Holmes, algo profundo comenzó a reacomodarse dentro de mí. Aprendí a mirar mi historia sin quedarme atrapada en la etiqueta de víctima. Empecé a preguntarme qué necesitaba, qué creía sobre mí y qué quería elegir a partir de ese momento.
También cambió la imagen que tenía de Dios. Durante mucho tiempo imaginé a un ser severo, a un señor barbado y enorme pendiente de mis errores y listo para juzgar si merecía su amor. Si tenía palomita o tache en mis acciones. Poco a poco fui descubriendo otra posibilidad: una Presencia de amor, aceptación y vida que habita dentro de mí. Esa comprensión transformó mi manera de orar y de relacionarme conmigo misma.
Con los años, la meditación me ha dado serenidad y la oración afirmativa un sostén inquebrantable. Además, he aprendido a apreciar lo sencillo: una buena comida, el baile, una conversación sincera, un libro, la amistad y el afecto.
Esto no significa que ya no experimente dolor, enojo o dudas; sigo siendo completamente humana. He atravesado desafíos donde he necesitado la mano de mis colegas y de las personas que me aman. Su compañía me recuerda que la espiritualidad también se expresa cuando alguien decide quedarse a nuestro lado. Reconocer la Presencia divina en personas con las que me cuesta relacionarme sigue siendo una de mis prácticas más complejas. Sigo aprendiendo a mirar con más amplitud, a poner límites sanos y a cuidar mi humanidad mientras maduro mental y emocionalmente, y por supuesto, mientras evoluciono espiritualmente.
¿Por qué sigo eligiendo este camino?
Porque me invita a conocerme sin condenarme, a asumir la responsabilidad que me corresponde sin cargar con la culpa y a llevar lo que aprendo a mis decisiones de cada día. La Ciencia de la Mente no me pide negar lo que siento, sino acompañarlo con honestidad y preguntarme: «¿Qué puedo comprender y elegir ahora?»
Hoy continúo este viaje mental, emocional y espiritual con profunda gratitud, respetando siempre que cada persona encuentre su propio sendero hacia lo Divino, hacia la Vida o hacia aquello que le dé sentido a su existencia.
¿Te resuena esta forma de ver la vida? Si sientes el llamado de conocerte sin condenarte y vivir con más consciencia, te acompaño. Escríbeme un mensaje y demos juntos el primer paso.
Afirmación
Hoy reconozco que existen distintos caminos espirituales. Me abro a conocerme, a escuchar mi corazón y a elegir el camino que me ayude a vivir con amor y conciencia. ¡Y Así Es!
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