Cuando Decir «Sí» a Todos es Decirte «No» a Ti

Acuarela en tonos durazno, rosa, lila y azul con detalles dorados y el título “Volver a Ti sin Culparte”.

Este es el primer paso de la serie Volver a Ti sin Culparte. Cada domingo caminaremos juntos hacia una relación más amorosa contigo.

¿Cuántas veces has dicho “sí” cuando por dentro todo en ti quería decir “no”? — Ara L.M.

Tal vez te ha pasado.  Te invitan a algún lugar al que realmente no quieres ir, pero aceptas para que nadie se moleste.  Alguien te pide un favor y, aunque estás cansado, tienes trabajo o simplemente necesitas tiempo para ti, respondes casi automáticamente:

Sí, claro. Yo lo hago.

Quizá alguien hace algo que te incomoda y decides no decir nada porque piensas: “No vale la pena hacer un problema”, “mejor me aguanto” o “no quiero que piense que soy una persona difícil”.  Y así, poco a poco, vas diciendo sí.

  • Sí a lo que no quieres.
  • Sí a lo que te incomoda.
  • Sí a lo que te quita tiempo.
  • Sí a lo que te desgasta.
  • Sí a resolver problemas que no son tuyos.
  • Sí para que otros estén bien.

Hasta que un día descubres algo incómodo:  De tanto decirles “sí” a los demás, llevas mucho tiempo diciéndote “no” a ti. 

¿Por qué nos cuesta tanto decir “no”?  

Decir “no” parece muy sencillo… hasta que tenemos que hacerlo.  Porque detrás de ese pequeño “no” pueden esconderse muchos miedos:

  • ¿Y si se enoja conmigo?
  • ¿Y si piensa que soy egoísta?
  • ¿Y si deja de quererme?
  • ¿Y si me rechaza?
  • ¿Y si se decepciona de mí?

Entonces hacemos algo que en ese momento parece más fácil: cedemos.  El problema es que cada vez que hacemos algo que no queremos únicamente para evitar el enojo, el rechazo o la desaprobación de alguien, la tranquilidad que conseguimos afuera puede convertirse en conflicto dentro de nosotros.  La otra persona está contenta.  Pero tú no.

A veces aprendimos que querer era complacer

Muchos aprendimos desde pequeños a ser “buenos”.

  • El niño que no da problemas.
  • La niña que ayuda.
  • El que obedece.
  • La que comprende a todos.
  • El que no contradice.
  • La que siempre está disponible.

Y quizá nadie nos dijo directamente: “Tienes que complacer a los demás para que te quieran”.  No hacía falta.  A veces lo aprendimos observando lo que sucedía cuando obedecíamos y lo que sucedía cuando nos atrevíamos a decir que no.

Recibíamos aprobación cuando hacíamos lo esperado y enojo, distancia, críticas o desaprobación cuando expresábamos algo diferente.  Y nuestra mente infantil pudo llegar a una conclusión muy sencilla:

“Para estar seguro y ser querido, tengo que portarme bien y no molestar.”

Crecemos, pero algunas de esas ideas crecen con nosotros.  Ya no somos aquel niño o aquella niña, pero podemos seguir buscando aprobación de la misma manera.  Solo que ahora lo hacemos con nuestra pareja, nuestros hijos, la familia, los amigos, los compañeros de trabajo o incluso con personas que apenas conocemos.

El problema no es decir “sí”

Quiero hacer una pausa aquí porque tampoco se trata de convertirnos en personas que dicen “no” a todo.  Ayudar es hermoso.  Ser generosos, acompañar, compartir nuestro tiempo y hacer algo por alguien que amamos puede producir una enorme satisfacción.

El problema aparece cuando dejamos de elegir nuestro “sí”.  

Cuando decimos sí por miedo.

Cuando ayudamos esperando que así nos quieran.

Cuando cedemos para evitar un conflicto.

Cuando nos hacemos responsables de lo que corresponde a otra persona.

Cuando nuestro bienestar siempre queda para después.

Entonces ese “sí” deja de ser generosidad y comienza a convertirse en una forma silenciosa de abandono personal. 

“Pero si digo que no, voy a sentirme culpable”

Probablemente.  Al menos al principio.  Porque cuando llevas años acostumbrado a complacer, poner un límite puede sentirse extraño.  Incluso puede parecer egoísmo.

Pero sentir culpa no significa necesariamente que estés haciendo algo malo. A veces simplemente significa que estás haciendo algo diferente.

  • Estás cambiando una costumbre.
  • Estás aprendiendo a escucharte.

Estás descubriendo que tus necesidades también tienen un lugar.  Y esto puede incomodar a algunas personas, especialmente a quienes estaban acostumbradas a que siempre estuvieras disponible.  Eso también forma parte del proceso.

Un “no” también puede decirse con amor

Poner un límite no significa pelear.  No necesitas dar un discurso, justificar toda tu vida ni convencer a la otra persona de que tienes razón.  Puedes decir:

  • “Hoy no puedo.”
  • “Gracias por pensar en mí, pero esta vez no voy a poder.”
  • “Prefiero no hacerlo.”
  • “Necesito pensarlo antes de responderte.”
  • “Esto no me hace sentir cómodo.”
  • “No puedo ayudarte con esto, pero espero que encuentres una solución.”

Eso es suficiente.

Y aquí hay algo que quizá te ayude mucho:  No tienes que responder inmediatamente.  Si eres una persona que suele decir sí automáticamente, comienza a regalarte una pequeña pausa en lugar de contestar:

—Sí, claro.

Prueba decir:

—Déjame revisarlo y te digo.

Esa pequeña frase puede convertirse en una herramienta maravillosa porque te devuelve algo que quizá habías olvidado:  la posibilidad de elegir.

Antes de decir “sí”, pregúntate…  La próxima vez que alguien te pida algo, detente unos segundos.

Respira.

Y pregúntate:

  • ¿Realmente quiero hacerlo?
  • ¿Tengo tiempo y energía para esto?
  • ¿Estoy diciendo sí por amor o por miedo?
  • ¿Qué creo que podría pasar si digo que no?
  • ¿Estoy ayudando a esta persona o estoy haciéndome responsable de algo que le corresponde resolver a ella?

No necesitas analizarlo durante horas.  Solo aprende a escucharte.  Tu cuerpo muchas veces sabe la respuesta antes que tu cabeza.  Tal vez sientes:

  • tensión.  
  • Cansancio.
  • Un nudo en el estómago.
  • Fastidio.

O simplemente escuchas internamente ese pequeño: “No quiero.”  También eso merece ser escuchado.

¿Reconoces que llevas tiempo diciéndote «no» a ti? No tienes que aprender a elegirte en soledad. En el acompañamiento personal caminamos juntos para que poner límites y cuidar de ti dejen de sentirse como culpa, a tu ritmo y sin juicio. Escríbeme un mensaje y demos juntos el primer paso.

Desde la Ciencia de la Mente 

Desde la Ciencia de la Mente comprendemos que somos expresiones individuales de una misma Vida, de una misma Presencia.  Esto significa que reconocer el valor del otro no requiere negar el propio.

No necesitas hacerte pequeño para que alguien más se sienta grande.  No necesitas abandonarte para demostrar amor.  No necesitas sacrificar permanentemente tu paz para conservar una relación.

El amor verdadero no debería exigir que desaparezcas de tu propia vida.  Y quizá una de las prácticas espirituales más importantes sea comenzar a tratarnos con la misma consideración, paciencia y amor que tantas veces ofrecemos a los demás.  Porque tú también eres parte de esa Vida que dices amar.

Una pequeña práctica para esta semana

No quiero proponerte que a partir de hoy digas “no” a todo.  Te propongo algo mucho más sencillo.  Antes de decir sí, haz una pausa.  Solo eso.  Pregúntate:

¿Quiero decir sí… o tengo miedo de decir no?  Y si descubres que realmente quieres ayudar, hazlo con alegría.  Pero si descubres que estás aceptando únicamente por culpa, miedo, obligación o necesidad de aprobación, date permiso de elegir diferente.  Tal vez al principio sea incómodo.  Está bien.  Estás aprendiendo algo nuevo.  Estás aprendiendo que también puedes estar para los demás sin dejar de estar para ti.

Para reflexionar

Hoy quiero dejarte una pregunta:

¿A quién le has estado diciendo “sí” mientras, sin darte cuenta, te decías “no” a ti?  No necesitas juzgarte por la respuesta.  Solo obsérvala.  Porque cuando hacemos consciente aquello que repetimos automáticamente, recuperamos nuestra capacidad de elegir.

Y a veces sanar comienza exactamente ahí:  con una pausa, una respiración,  y un pequeño “no” dicho afuera…  que por primera vez significa un enorme “sí” para ti.

Afirmación

“Hoy reconozco que mis necesidades también son importantes. Me permito escucharme, respetarme y expresar mis límites con amor. Digo ‘sí’ desde mi libertad y ‘no’ cuando necesito cuidarme, sabiendo que honrarme también es una expresión del Amor Divino. ¡Y Así Es!”


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La próxima semana…

Tal vez después de comenzar a decir “no”, de poner un límite o simplemente de elegirte un poco más, aparezca una nueva dificultad: tu mente no deja de darle vueltas a lo que pasó y esto puede generar angustia. “Sobrepensar también cansa: cómo calmar una mente que no puede soltar”.  Porque aprender a elegirte también significa aprender a descansar de tus propios pensamientos.

Te espero el próximo domingo.

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