Por Araceli López Méndez R.Sc.P.
La amistad verdadera es uno de los tesoros más grandes que podemos experimentar a lo largo de la vida. No se trata solo de compañía, sino de presencia, lealtad, aceptación y amor incondicional. A través de cada etapa —en la juventud, en la madurez y aun en la distancia— los amigos se convierten en un regalo divino que sostiene el alma y fortalece el corazón.
«Dios nos da los amigos como recompensa por la familia que nos tocó». Frase atribuida a Wayne Dyer
Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos.
Nadie muestra más amor que quien da la vida por sus amigos.
S. Juan 15:13-17
Dicen que los verdaderos amigos se cuentan con los dedos de una mano, y que seguramente sobran. Sin embargo, en lo personal, me considero un ser profunda y sumamente afortunado y privilegiado. No solo me bastan los dedos de una mano, ¡necesito recurrir a la otra para poder contarlos a todos!
La diferencia entre un conocido y un amigo
Reconozco que existe una clara diferencia entre «un conocido» y «un amigo». Un conocido es alguien con quien no se intima, con quien el alma no se desnuda. Quizás sea una persona pasajera, o alguien con quien compartimos encuentros casuales y gratos, pero sin una gran trascendencia en la profundidad de la vida. En cambio, los AMIGOS están en las buenas y en las malas, en la salud y en la enfermedad. Son aquellos que se atreven a decirnos las «netas», aunque duelan, y que a pesar de nuestros errores más crasos, no nos juzgan. Nos siguen aceptando con amor y compasión, siempre dispuestos a ofrecernos la mano y ayudarnos a levantarnos del suelo.
La amistad como regalo de Dios
A veces, la vida nos lleva por caminos separados. Matrimonios, maternidad, mudanzas a otro país, el desarrollo profesional… pero al igual que en la canción de Carole King, con solo una llamada, están ahí para nosotr@s, y nosotr@s para ell@s.
Tardaría un buen rato en enumerar a cada uno de mis amigos, pero, aunque no sea 14 de febrero, deseo rendir un sincero homenaje y reconocimiento a cada una y cada uno de ellos.
Nuevas amistades en la madurez: un regalo inesperado
Un Nuevo Regalo en el Camino de la Vida
Ahora bien, a estas alturas de mi vida, y cumplidas mis 67 primaveras, jamás hubiera imaginado que aún sería posible encontrar y descubrir nuevas amistades. Pero Dios, que es tan bondadoso conmigo, me ha regalado una nueva amiga. Un ser verdaderamente compasivo de quien aprendo constantemente la aceptación, el no juicio, la autenticidad, el consuelo y la sabiduría. Me refiero a Mirna López-Trevithick, una leal Practicante de la Ciencia de la Mente y mi directora en los Centros para la Vida Espiritual Mérida.
Ella vive en Dallas y yo me divido entre México y Toronto, pero la distancia física no nos separa; al contrario, nos ha unido más. Es realmente impresionante cómo el Universo me escuchó. La conocí en una clase virtual de la maestría «Holmes Ecléctico» y, sin cruzar ni una sola palabra, deseé que fuera mi amiga; había una luz muy especial brillando en ella. ¡Y voilà! tiempo después, no sé cuánto, quizás unos tres o cuatro años más tarde, Mirna me contactó. Guiada por su intuición, y habiendo escuchado solo algo sobre mí, me invitó a ser parte de la «Contemplación con Corazón».
Una vez más, Dios, la Vida, el Universo o como cada uno le conozca, me consiente y me apapacha. Además de tener una familia incomparable, más allá de lo convencional, poseo la bendición y fortuna de contar con varios AMIGOS, y esta nueva amistad ha traído un gozo y un alivio diferente a mi plano de vida humana.
Si deseas fortalecer en tu vida la experiencia de la amistad verdadera, te invito a acompañarme también en el espacio de afirmaciones, donde juntos cultivamos pensamientos de gratitud, fe y amor consciente.
